Una escuela es un medio
Una reflexión sobre escuelas y
En tramontana.ai estamos juntando experimentos y reflexiones que nos ayuden a pensar la formación de mañana, la manera en que aprendemos y enseñamos.
He escrito un ensayo y lo he convertido en una pieza conversada, entre tú, la IA y yo. Puedes probarla aquí:
Si prefieres algo más convencional, te dejo aquí el ensayo plano, aunque realmente te recomiendo que pruebes el conversacional.
Una escuela es un medio
Las escuelas actuales son hijas de la modernidad. Nacen en el siglo XVIII y cristalizan en el XIX. Su diseño actual, con cursos, temarios y aula como unidad básica, surge al servicio del Estado prusiano, el primer estado moderno.
Su función es formar al mayor número de personas, con conocimientos estandarizados sobre el sistema y sus leyes, con capacidades para ser parte de él.
Toma a personas sin formación y las convierte en piezas funcionales del sistema: funcionarios, oficinistas, obreros.
La escuela tiene procesos, dispositivos e interfaces.
El curso, grado o programa, es una acotación de conocimientos, profesorado y alumnos, organizados en el tiempo.
El curso es un proceso.
A los alumnos se los somete a los cursos en aulas. El aula es un contenedor donde se introduce a un conjunto de personas con necesidades parecidas para insuflarles el conocimiento estandarizado en forma de asignatura, en cada etapa del curso.
El aula es un dispositivo.
El conocimiento es escaso. Y cuando algo es escaso, se optimiza.
Para que muchas personas puedan recibir conocimiento, ha hecho falta estandarizarlo, paquetizarlo, hacerlo digerible mediante métodos y recursos especializados en transmitirlo a los alumnos. Esos recursos son los profesores.
El profesor es una interfaz.
Los alumnos se organizan en grupos, de acuerdo con su edad o nivel de conocimiento. Un grupo puede contener entre 10 y 100 personas, dependiendo del tamaño del aula y del nivel de especialización del grado. En el aula, el profesor emite en una dirección y el grupo recibe del otro lado, con los alumnos sentados frente a él. Es un fenómeno fundamentalmente unidireccional y de uno a muchos.
La formación actual es broadcast.
A los alumnos se les somete a exámenes y evaluaciones para comprobar que han adquirido los conocimientos del temario conforme a los estándares del programa. Cuando el resultado es positivo, se certifica que el alumno está preparado para esa función.
Los ejercicios y exámenes son mecanismos de control del sistema. Los títulos son certificados de calidad.
La escuela es una tecnología de masas.
No siempre fue así.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, el aprendizaje ocurría en gremios, monasterios o universidades incipientes.
Quienes podían, pagaban por una formación individual, mediante instructores e institutrices. Otros, aprendían en el entorno familiar o directamente en el lugar de trabajo gremial: el horno, el taller, la tienda…
Las escuelas y las universidades estaban reservadas para muy pocas profesiones. En ellas todo ocurría por transmisión directa, a menudo oral.
Antes de la industrialización no había un modelo universal, no había edades homogéneas ni currículos cerrados ni una secuencia clara de cursos.
El medio no cambia cuando cambia la necesidad.
Lo hace cuando cambia la tecnología.
Cuando la tecnología se sofistica, la transmisión pasa de broadcast a punto a punto.
El libro escrito a mano, grande y caro de producir, se usaba en monasterios y en misa. Una persona leía, muchas escuchaban. Era una tecnología de broadcast. La imprenta lo abarata y lo convierte en un dispositivo de bolsillo. Aparecen nuevos usuarios y con ellos una variedad grande de formatos, calidades y temáticas. Cuando todo el mundo puede comprarse un libro y leérselo, la comunicación ya no es broadcast, ahora es punto a punto: una conversación privada entre escritor y lector.
La radio nace como un medio de masas. Un receptor es caro y voluminoso. Se compra uno por hogar y se sitúa en un lugar de la casa donde todos puedan escucharlo. La programación es para toda la familia. La comunicación es broadcast: de un emisor a muchos receptores.
El transistor hace posibles receptores más baratos y más portables. Ahora cada persona puede tener su propio receptor. Otra vez, nuevos usuarios y gran variedad de formatos, calidades y temáticas. El transistor se escucha de cerca, a menudo con un auricular.
El libro y la radio pasan de ser medios de transmisión pública a privada, de sobremesa a bolsillo. Cuando esto ocurre, se crea un diálogo silencioso y discreto entre quien escribe y quien lee, entre quien emite y quien recibe, en mitad de la noche o en la privacidad de su dormitorio.
Todo medio acaba volviéndose personal.
De mass media a punto-a-punto.
En palabras de McLuhan, de medios de inspiración pasan a medios de conspiración.
No es excepcional, le ha ocurrido a otros medios.
Una escuela es una tecnología cara. Su dispositivo es voluminoso, para albergar a una multitud de personas. Su contenido está pensando para grupos grandes. La transmisión aún ocurre por broadcast.
El transistor y la imprenta son esos eventos transformadores. Aplicados a un medio, lo transforman por completo.
De inspiración a conspiración
¿Vamos a enseñar inteligencia artificial en nuestra escuela?
¿Vamos a aplicar IA como herramienta?
Son preguntas equivocadas. No debemos perder tiempo en responderlas.
La pregunta que sí nos hacemos es… ¿Qué relación podemos construir entre persona y conocimiento cuando las máquinas también aprenden y enseñan?
Y qué hay de la relación entre conocimiento y espacio, entre aprendizaje y tiempo… Todo, absolutamente todo, está en cuestión para quienes aprenden y quienes enseñan.
No sabemos aún cuáles son las respuestas, las estamos buscando. Lo que sí sabemos, es que pasan por algo simple pero no sencillo: encontrar la conspiración cómplice entre el conocimiento y la persona.


