Un vaso de leche
Kitt a Michael Knight, TARS a Cooper, Alfred a Batman, Sancho Panza a Don Quijote… La figura lleva siglos ahí, repitiéndose: un cómplice que empuja y sostiene a la vez, que comparte ideas y objetivos. Alguien que te conoce, te ayuda y te protege… También de ti mismo.
Un asistente así me propuse crear hace unos meses, cuando supe que mi hígado estaba regular, que mi ferritina iba para abajo y mi D3 estaba por los suelos.
Hace dos días llegó el Oura. Su branding de yoga chic y new age me repele. Pero oye, es el trasto con mejor API. Con datos de sueño, ejercicio, analíticas, emails, calendario, meteorología y Claude Code, ya puedo crear mi propio Alfred via Telegram Bot. Hoy he empezado.
“Javier, has dormido fatal ¿Por qué no te acuestas pronto y así mañana puedes terminar el capítulo de la novela? Cena solo un vaso de leche. Mañana vemos cómo amaneces”.
La base, cuatro documentos: salud, dinero, familia y valores. Después, conectar cables. Y ahí llega la pregunta: “¿Qué personalidad y estilo le damos, Javier? Tú sabes de esto”.
Hay una rama de mis posibles futuros en la que todo sale muy bien. ¿Y si el asistente fuese ese YO de dentro de cinco años?
En octubre formaré a un grupo pequeño de personas en roles de liderazgo, que andan estancadas en la gestión, cuando deberían estar creando. El programa les dará cimientos, lenguajes y estrategias.
Pensaremos, exploraremos y aprenderemos juntos, de lo viejo y de lo nuevo.


