Naturaleza muerta
La web nació como una naturaleza muerta: una combinación de palabras, imágenes y sonidos dispuestos de una forma fija y terminada. El mismo cuadro inerte para todo el mundo. No era malo, era lo que el medio podía darnos.
Era inerte.
Ahora una web puede reconocerte, escucharte y cambiar mientras habla contigo. Se genera y se regenera. Te cuenta algo que no le contó antes a nadie, te escucha y te enseña algo como no le enseñará a nadie nunca más. Cada instante de esa interacción es irrepetible, como una conversación que se desvanece con la brisa.
Ahora está viva.
Pero sigue siendo un lugar, un sitio al que vas cuando te acuerdas. Vivo pero confinado, como el jilguero que canta encadenado a su comedero.
Está cautiva.
Mañana dejará de esperarte. Dejará de ser destino y se volverá presencia. Existirá donde transcurra tu vida. Conservará el hilo cuando tú lo pierdes. Recordará lo que te costó y sabrá qué intentas lograr. A veces preguntará, otras sugerirá y, cuando se lo pidas, resolverá. No sustituirá tu voluntad, la prolongará.
Ya no la buscas, ahora te acompaña y, a veces, conspira contigo.
Ya no estás solo.
PULSO es ya la web viva. Estoy trabajando ya en el tercer estadio: soltarla. Quiero ir contándolo a medida que avance. Lo primero era transmitir la idea.



Me ha encantado. Lo malo de todo esto, incluso de las versiones estáticas de hace dos días, es que no existe legado. Lo borramos nosotros mismos. Al igual que en otras parcelas (arquitectura, pintura, escultura, música, escritura) se deja un legado para poder estudiar, revisar y tener como referencia, nosotros construimos destruyendo lo anterior. Quizá haya que empezar a buscar otro término diferente a "producto" que se asimile mejor. Quizá "ser artificial" o algo así, que acompaña y ayuda, pero no deja más legado que el recuerdo de quien lo utilizó.