Gramáticas temporales
Aquello acabó como el rosario de la aurora. En 1971, Phil Zimbardo convirtió un sótano de Stanford en una cárcel y repartió a un grupo de estudiantes los papeles de guardias y prisioneros. Bastaron seis días para que el juego dejara de tener gracia. Hubo humillaciones, rebeliones, torturas y hasta una huelga de hambre. El propio Zimbardo quedó atrapado en la ficción que había construido. De ahí salió una idea poderosa: el contexto no solo cambió la forma en que aquellos chavales se comportaban, hizo que se creyeran personas diferentes… Les cambió su naturaleza.
Años después, Zimbardo, ese tipo con aspecto de ufólogo de Cuaro Milenio, propuso otra idea reveladora: cada uno habita el tiempo desde un lugar distinto: un pasado feliz o traumático, un presente hedonista o fatalista, un futuro deseado. Y eso lo condiciona todo. Y pensé: ¿no ocurre también con las cosas?
Una Fuji digital, un ventilador Dyson, el lino, el aluminio, el pan tostado o un aeropuerto… Todo diseño nos hace avanzar o regresar. Nada es temporalmente neutro. Ayer, en la clase de PULSO, votamos: ¿pasado o futuro? El olor a gasolina fue revelador: hace cincuenta años olía a porvenir; hoy ya huele a recuerdo. Y sacamos una conclusión: el futuro huele… a lo que aún no se ha tocado.
Zumthor decía que una atmósfera nos hace sentir antes de pensar. Quizá una atmósfera temporal nos haga viajar antes de pensar. Una silla puede estar hecha de madera o de pasado. Olores, materiales, colores, mensajes... Podemos crear productos pensando qué problema resuelven o a qué momento nos proyectan. Podemos crear marcas desde sus valores o definiendo desde qué momento nos hablan.
TEMPUS es un artefacto para ayudarte a pensar sobre ello: basado en las metodologías de Zimbardo, te revela desde qué momento afrontas tu realidad y te ayuda a situar relatos, marcas y objetos en todo ese universo temporal.
La idea no te deja indiferente cuando la entiendes: si existe una gramática sensorial del tiempo, podemos diseñar con ella.



