Casio
Me gustan los relojes mecánicos. Pero me gusta aún más un buen Casio de hace veinte o treinta años: barómetro, brújula y cristal líquido a todo lo que da.
Cada vez que sale un nuevo Watch o un Garmin, con sus veinte sensores y sus millones de píxeles, me entra la melancolía y vuelvo a Vinted.
Un Pro Trek de 1998 me hace viajar en el espacio-tiempo. Ajusto la hebilla y me he convertido en un operador de radio japonés en una base antártica.
Lo cambio por otro Casio y me he convertido en un agente del CESID a bordo de un petrolero en el estrecho de Ormuz. Es 1996 y estoy negociando un acuerdo de armas con los rebeldes sudaneses.
¿Qué me hace sentir un Suunto, un Watch Ultra o un Garmin? Nada. Me los pongo y todo sigue igual. No viajo en el tiempo, no me muevo a otro lugar.
Diseñar bien va más allá de resolver, es situar al usuario en un plano paralelo del espacio-tiempo. Casio siempre lo entendió. Sus ventanitas de cristal líquido no informan, transportan.
Hace unos días, Dani Vázquez, que también escribe me hizo un regalo muy especial: un AE1200 customizado, inspirado en mi relato Whisky Tango Romeo.
Huele a salitre y petróleo. No soy yo viajando al pasado, sino el reloj volviendo desde él.
En octubre arrancamos el Programa de Liderazgo Creativo y Visión de Diseñode Tramontana. Quiero formar a personas que lideran para que puedan entender los productos y experiencias de ayer y crear los de mañana.



Jajaja, justo me hice hace un par de semanas con un Casio AE-1200WHD-1AVCF.