23k y una peluquería de señoras
Hace veinte años, con mi hijo a punto de nacer, dejé mi trabajo en una startup de los hermanos Encinar y vendí mi participación por 23.000 euros. Con ese dinero alquilé un viejo local que llevaba cerrado desde los setenta. En la puerta, un cristal grabado al ácido decía “Peluquería de Señoras”. Aquella decisión cambió mi vida.
Empecé por mi cuenta, diseñando como freelance y formando a los juniors de mis antiguos jefes, con pocos medios y muchas ganas. Sin saberlo, estaba creando el primer programa de diseño de interacción de España. Lo llamé “Programa Vostok”, en honor a los primeros cosmonautas de la URSS, los que se adentraron en lo desconocido con más valentía y curiosidad que medios. Aquello activó una rueda inevitable: estudio, práctica, enseñanza, práctica, estudio. El ciclo es lo que me mantiene vivo.
El momento era perfecto. Internet pasaba de ser una red de documentos enlazados a un entorno donde se hacían cosas. De comunicación a función, de webs a apps. El iPhone estaba en el horno, las redes sociales empezaban a aflorar. Era una época mágica.
Han pasado veinte años. He fundado una escuela junto a socios magníficos, he tenido otro hijo, hemos atravesado una pandemia, y la IA lo ha desbaratado todo otra vez. Si me preguntas, vuelve a ser un momento mágico. Algunos lo ven oscuro; a mí me ilusiona. Nunca ha sido tan fácil humanizar la tecnología.
Decía Wences Sanz el otro día que la IA ha devuelto la ilusión por crear a quienes estábamos atascados en un mundo de CMS, sistemas de diseño y compartimentación de roles. Tenía razón. Lo veo con mis ojos: gente senior, aburrida de gestionar, relegada al excel y al Jira, volviendo a crear sin límites.
Hace un año nos propusimos diseñar un programa para este momento. Uno para quienes lideran productos y empresas, que les ensanchase la mirada y les devolviese la posibilidad de crear en el sentido más amplio. Arrancamos en octubre la segunda edición, con un máximo de 12 personas.
Partimos de premisas que son casi hipótesis:
Si la IA se encarga del utilitas, quienes lideran necesitan dominar el deleite.
Diseño, narrativa, evocación y discurso como lengua materna del liderazgo.
Las interfaces se desmaterializan; estudiemos las claves de lo inmaterial.
Liderar es crear discursos, escenarios, caminos.
No sabemos cuáles serán los lenguajes del futuro, estudiémoslos todos.
No conocemos el destino, sólo la dirección.
Quedarse quieto es una mala apuesta.
El año pasado preparé un dossier en PDF. Este año, después de Adriano, Atmos y McLuhan, habría sido un pecado no avanzar: he diseñado una web conversacional para el programa:
Si diriges equipos o producto y quieres soltar los barrotes del excel, échale un vistazo y, si te encaja, hablamos. Vamos a pensar y crear cosas que aún no sabemos que existen.
Octubre está a la vuelta de la esquina.


